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MONTÁNCHEZ - PATRIMONIO

En la ladera de un pronunciado cerro de la sierra de su mismo nombre, a unos 700 metros de altitud, se desparrama el atractivo caserío de Montánchez. Este hecho condiciona enormemente su trazado urbano, formado a base de calles quebradas y empinadas que se ven obligadas a salvar los accidentados desniveles del terreno.

Los testimonios epigráficos romanos procedentes de aras votivas e inscripciones halladas en el entorno del casco urbano han permitido fijar su origen en el siglo I d.C. Durante la dominación musulmana esta población se integra en la provincia de Mérida, hasta que tras la reconquista definitiva en el año 1230 por las tropas cristianas de Alfonso IX, pasa a manos de la Orden de Santiago. Con estos acontecimientos ha de ponerse en relación el castillo, que domina toda la población como su monumento más representativo. la fortaleza ya exitía en el período árabe, y parece que los almohades reconstruyeron el primitivo conjunto durante el siglo XII. La Reconquista cristiana conllevó la total renovación y ampliación de sus muros y torreones, por lo que poco nos ha llegado de las construcciones musulmanas: los tres aljibes y los zócalos de algunos lienzos.

Actualmente puede comtemplarse una barrera exterior de torres y muros, en parte derruida, y dos recintos interiores, la Villa Vieja y la fortaleza propiamente dicha, todo ello edificado a base de mampostería y sillares en los recercos de vanos.

Diseminadas por el casco urbano pueden encontrarse varias casas nobles, caracterizadas por su aspecto sólido, vanos de cantería, portadas a veces decoradas, y escudos nobiliarios o pertenecientes a la Orden de Santiago. En este sentido se destacan varias viviendas de la Plaza Mayor, incluido el Ayuntamiento porticado. Mencionemos también la existencia de varias cruces de camino y un Calvario, todas ellas realizadas a base de cantería granítica, en varios rincones del pueblo.

Montánchez conserva de igual modo un abundante patrimonio de arquitectura y arte religioso. En este sentido el edificio más destacado es la iglesia parroquial de San Mateo, construcción del último cuarto del siglo XVII. Fue levantada con aparejo de mampostería y refuerzos de sillería en vanos y en los potentes contrafuertes exteriores. Su espacio interno se articula mediante una nave de cuatro tramos con bóveda de cañón con lunetos, y una capilla mayor coronada por una cúpula sobrepechinas, que al exterior aparece techada a cuatro aguas. La sacristía y la capilla bautismal, que se adosan al lado del Evangelio, se rematan con bóveda de crucería, cubierta que se usa también en el sotocoro de los pies. Posee tres puertas sencillas de acceso, a los pies y en los laterales, estando dos de ellas precedidas de pórticos con arcos de medio punto. La sólida torre-campanario, prismática y exenta, consta de cuatro cuerpos desiguales, y se remata con cuatro pináculos angulares y una espadaña central.

De su contenido mueble debemos destacar el retablo mayor, obra del primer tercio del siglo XVIII en la que se alojan varias obras pictóricas y escuñtóricas de diverso interés. Mencionemos también otro retablo del mismo siglo y una sillería de coro del XVII.

La población cuenta de igual modo con un buen número de ermitas. Se trata de pequeñas construcciones de carácter popular, edificadas a base de mampostería con refuerzo, en algún caso de cantería. Consta de una sola nave, cubierta con bóveda de aristas o de medio cañón con lunetos, una cabecera recta, coronada mediante cúpula sobre pechinas o bóveda esquifada, y pequeña sacristía adosada. Algunas de ellas, aunque con reformas posteriores, fueron construidas en el siglo XVI; así sucede con las ermitas de San Blas y las de Nuestra Señora de los Remedios. El resto son obras barrocas de los siglos XVII o XVIII, tales como la ermita de Santo Domingo, la de la Soledad, o la del Castillo, esta última con Camarín que alberga una imgen de la Virgen del Castillo, interesante talla del siglo XVI.